No por previsible la reacción ha sido menor. Anoche, la agencia de calificación Moody's rebajó tres escalones la nota de la deuda soberana de España, desde A3 (notable bajo) hasta Baa3 (aprobado bajo), y la situó en "perspectiva negativa".
La razón que argumenta es que el rescate europeo -hasta 100.000 millones de euros- que España recibirá para sanear los bancos impulsará la deuda hasta el 90% del PIB y por eso la reacción en el mercado secundario de bonos emitidos por el Estado no se ha hecho esperar: la prima de riesgo ha subido hasta 550 puntos básicos y el tipo del bono a 10 años de referencia (emisión con cupón 5,85% y vencimiento en 2022) ha tocado el 6,983%, un máximo desde que entró en vigor la moneda única en 1999.
El pasado martes ya rompió un máximo anterior y alcanzó el 6,8% con lo que se aproxima al 7%, nivel de extremo riesgo que encarecería tanto el coste de la deuda española que, en la práctica, la expulsaría del mercado. Grecia pidió su primer rescate (mayo de 2010) cuando llegó al 8,5%, idéntico nivel que Portugal en abril de 2011. Sin embargo, a Irlanda le bastó tocar el 8,1% (noviembre de 2010) para pedir ayuda internacional.
La deuda española se sitúa ya a un paso de lo que Moody's considera activos especulativos, es decir, aquellos que suponen un riesgo tan elevado que solo deben ser considerados por inversores dispuestos a asumirlo, y por eso se les exige más rentabilidad, según una regla básica del mercado (a más riesgo más rentabilidad, y viceversa).
El mercado de deuda está acusando también el nerviosismo ante la subasta del Tesoro italiano que hoy tiene previsto colocar hasta 4.500 millones de euros en bonos a tres años, siete y ocho años, un día después de colocar letras a un año al 3,972%, 1,63 puntos porcentuales más que en la emisión anterior, del pasado mayo.
La Bolsa también ha reaccionado a la degradación de la deuda española con una apertura a la baja del 0,5%, pero durante buena parte de la mañana ha mantenido una mínima oscilación respecto a su cierre de ayer, entre un mínimo de 6.558 y un máximo de 6.650 puntos. Poco después del mediodía se situaba en 6.622 puntos, con un avance del 0,1%.
La deficiente gestión de las negociaciones con Europa por parte del Gobierno español, la incertidumbre sobre las condiciones, plazos, cantidades que recibirá cada entidad, si la ayuda se canalizará en forma de capital o de préstamos y la confusión ante su impacto en las cuentas públicas (el Gobierno insiste en que no tendrá efecto alguno en el déficit) no están contribuyendo a despejar la tensión sobre la deuda española.
Ayer, Bruselas arrojó algo de luz -poniendo en evidencia al Ejecutivo español- al indicar que el impacto del rescate bancario en el déficit parece que será inevitable y así lo certificó Eurostat, la agencia estadística europea, al precisar que los intereses del préstamo afectarán a ese parámetro y que, posiblemente, también lo acaben haciendo las inyecciones de fondos que reciban las entidades bancarias.
Y todo ello, en vísperas de una cita crucial para el futuro del euro: las elecciones que se celebrarán el próximo domingo en Grecia, convertidas en un plebiscito sobre la permanencia del país en la eurozona.
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