En los esfuerzos por depender menos del petróleo en la producción de energía y en el transporte, las naciones económicamente más poderosas buscan alternativas en la llamada energía limpia, tal cual es la solar o la eólica, lo que es también una vía para proteger un poco más el medio ambiente de la sistemática degradación a la que está sometido.
Por eso, ha de verse con buenos ojos dos iniciativas aprobadas ayer por la Cámara de Diputados: una que otorga incentivos por ley a la importación de vehículos movidos por energía solar, o por un híbrido de ésta y la electricidad a través de baterías recargables; y otra que permitirá instalar paneles solares en las escuelas públicas.
Habiéndose comprobado que las emanaciones de monóxido de carbono, producto del uso de los combustibles fósiles, pueden causar cánceres y afecciones al ser humano, a la vez que impactan al medio ambiente, la tecnología apunta a sustituir gradualmente los vehículos movidos por gasolina o diesel por otros que usen gas natural, energía solar, baterías o hidrógeno.
La apuesta por ese cambio de modelo va en serio, acompañada de otras medidas destinadas a usar menos petróleo o carbón en la generación eléctrica, favoreciendo la explotación de fuentes naturales y gratuitas como la energía solar o la del viento y también la del mar o las caídas de aguas dulces.
En algunas comunidades pobres del país, especialmente las fronterizas, se han instalado unidades de energía solar y eólica, y también pequeñas hidroeléctricas que han resuelto el problema no sólo para la iluminación de viviendas y el funcionamiento de aparatos eléctricos, sino para extraer agua del subsuelo.
El día que todas las escuelas y los centros de salud, y las mismas residencias familiares, puedan disponer de tecnologías menos costosas para aprovechar la energía solar, la economía dominicana se quitará de encima el gravoso peso que implica la adquisición de petróleo u otros elementos combustibles para producir energía, siempre cara y a menudo insuficiente o irregular para satisfacer la demanda de los ciudadanos y de las empresas.
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